Micaela era una mujer morena, de facciones fuertes, un tanto rústicas. Era grande de estatura y ancha en extremidades. Su pelo, castigado por la edad, era tan blanco como la nieve y tan crespo como las ramas de un árbol de navidad. Tenía la sonrisa apagada y los ojos avivados como los de un pavo. Si la veías de perfil te daban ganas de reir. Si la veías por detrás te daban ganas de gritar. Si la veías por el frente, te podía bloquear la mente. ¡Qué mujer tan completa esta! Y eso no es todo. Memé-así la llamaban-poseía un caracter fuerte. Daba la impresión de mujer encargada de recoger el dinero en la gallera. Pero si llegabas a conocer ese bizcocho chocolatoso, podías descubrir la caja de sopresas que era, pues en el fondo tenía un corazón tan grande como su pa´atrás, con las más gentiles intenciones.
Micaela preparaba unos pasteles en hoja pa´ chuparse los dedos, de tanto "cachú". Lo grande es que la mujer nunca hacía caso a las quejas. Para ella, el "rojo" era el que le daba el verdadero gusto a los pasteles. En fin, se sentaba en una esquina, detrás de una mesa de madera vieja, calcomida por el tiempo y las termitas, cuyo tamaño era insignificante delante de su dueña. En un lado de la mesa, colgaba un letrero en cartón, recortado a duro trabajo de una caja de pulpería, sostenido por dos pedazos de una cuerda negra. En este, escrito por uno de sus nietos, decía claramente:"Vendo tu pastelito, gordo, fresco y bonito". Más abajo en letras pequeñas pero perfectamente legibles, decía: "y no fío". Encima, la bandeja de pasteles desprendiendo un olor a puro sazón. Junto a esta, dos potes de cachú Linda y una pila de servilletas. Una silla de paja soportaba el cuerpo caribeño, donde pasaba horas contando, meticulosamente, los centavos que le dejaba cada cliente. Era exacta tanto en el dar como en el recibir, a menos que fuera amor. Su familia lo decía. Tres hijos y nueve nietos eran suficiente exigencia de afecto. Memé no se cansaba de regalarle de su tiempo y sus pasteles. Era feliz viéndolos crecer y ser partícipe de ello. Disfrutaba las ocurrencias de sus nietos, como un niño los dulces y anhelaba las conversaciones con sus hijos cada fin de semana.
Memé no tuvo otro esposo, ni "hombre a quien hacerle un sancocho", como ella orgullosamente respondía a los metiches. Su único hombre fue el padre de sus hijos quien había fallecido días después de que el menor cumpliese los ocho años de edad. Siempre fue fiel a su sentimiento, aunque sí obtuvo uno que otro enamoramiento. Que si Pacho el del colmado, que si Fefito el del carrito, que si Pedro el gomero, o Lucho el carnicero. Todos peleaban por la Micaela, quien a sus halagos y peticiones respondía bailándole el "Bugalú", como diciendo:-ni en sueños me tuvieras tú-.
Eso sí tenía la negra, le gustaba el bailar tanto como el hacer sus pasteles. De joven y aún en la vejez, era reconocida por cautivar con su meneíto salsero en las concurridas fiestas de la terraza de Don Fernando. Era un hecho que su cara dura era parte de su figura, pero en tanto oía la música, rompía a mover brazos y pies, haciendo más cálida su expresión .
Polivio, el hijo de Don Fernando, encargado de la música, le gritaba de un extremo a otro:
-¡Negra, báileme Micaela!
Micaela empezaba a bailar e inmediatamente se escuchaba la algarabía de la gente cantando:
- ¡Ay ay ay Micaela se botó!
Memé bailaba y la gente cantaba.
- ¡que se botó, que se botó, que se botó!
Memé sonreía y se movía al ritmo de la salsa mientras tiraba besos al aire. La canción continuaba; la gente seguía. Memé se lo creía; bailaba con alegría. Los demás la rodeaban y cantaban:-¡Micaela cuando baila el Bugalú arrebata! ¡Toda la gente la llama la reina del Bugalú!-.
Al terminar, la negra un poco agitada, agradecía como si hubiese terminado el musical.
-Negra, y ¿cómo es que lo haces?-le preguntaba entusiasmado Polivio. A lo que Micaela contestaba: -Son sólo gajes del oficio.- ¡Qué bárbara la negra!
Atentamente,
Luca
*Siéntase libres de hacer cualquier corrección y comentario. ¡Espero les haya gustado!
Canción: "Micaela"
Autor: Pete "El Conde" Rodríguez
